sábado, 14 de agosto de 2010

Éter Retornable de Angie Oña (1)

¡¿Dónde está mi otra mitad?!

por María de los Ángeles Sanz

En el segundo ciclo de Teatro Uruguayo semimontado en Buenos Aires, que se lleva adelante en el Teatro de la Comedia se presenta desde enero de este año la pieza de Angie Oña, Éter Retornable (2008). El ciclo cuenta además con otras tres producciones: El Disparo (2006) de Estela Golovchenko; Decir Adiós (1979) de Alberto Paredes y El estado del alma (2002) de Alvaro Ahunchaín. La característica de teatro semimontado da la posibilidad de ver aquellas fisuras que puedan ser suturadas a la hora de una puesta total, y presenta un desafío para los actores y la dirección. La idea de un ciclo en Buenos Aires surgió tras la promesa de Begérez a algunos compañeros de El Galpón (1a) de no perder el contacto con ellos, realizando proyectos que unieran ambas márgenes en la voluntad de hacer teatro; una comunicación que desde los inicios del teatro Rioplantense se sigue fortaleciendo. El director seleccionó obras y actores con el criterio “que cada autor representara una generación diferente”; y ante una dramaturgia uruguaya “muy sólida y variada” se vio exigido a realizar una investigación sobre las últimas producciones. Los actores fueron convocados entre sus compañeros de El Galpón, algunos actores independientes de una trayectoria interesante pero alejada de los medios institucionales y también actores uruguayos que hace tiempo están radicados en Buenos Aires, y desarrollan su actividad en el campo teatral porteño, como Ita Zaldumbide y Piero Anselmi. Desde la perspectiva de la recepción este segundo ciclo tuvo mayor apoyo y difusión de medios y espectadores; si bien factores ajenos al trabajo teatral influyeron el año pasado en la concreción del ciclo, la famosa gripe A que asoló la ciudad, y convirtió las salas en un espacio desierto; Begérez afirma “que el primer el primer ciclo sirvió para difundir la idea y para cambiar el esquema y mejorar algunos puntos”, en esta oportunidad todo se desarrolló con felicidad y la sorpresa fue confirmar que el público era mayoritariamente argentino. El resultado de este buen trabajo y de la respuesta del medio, -hubo que agregar funciones-, la cálida disposición del espacio donde el ciclo se desarrolló, El Teatro de La Comedia, hicieron que ya esté proyectado para el próximo año una tercera etapa de puestas a partir de enero. Esta vez el ciclo está dedicado al maestro Berto Fontana, que cumplirá 85 años el próximo 25 de mayo, artista declarado Ciudadano Ilustre de Montevideo, actor, vendedor de tabaco, interpretador de casi todos los clásicos nacionales y universales escritos, investigador y educador de la voz que trabaja “el sonido como acontecimiento fundamental del ser humano”.
Es en este interesante marco que la pieza de Oña trabaja desde los procedimientos de una comedia absurda una temática que ahonda en la conflictividad de las relaciones de pareja pero con una mirada abarcadora hacia la necesidad de otro mundo posible; si descubrimos para que permanecemos en él. El sentir sólo lo inaprensible de la vida, hace que todo lo que la vida encierra se convierta en nada, de este nihilismo surge el malestar, y una relación humana que camina entre el odio y el amor, la indiferencia y la necesidad. Si la vida transcurre en la fina línea entre la mediocridad y la grandeza, los personajes de Angie Oña, sienten que viven siempre inmersos en el lado equivocado. No hay grandezas en su matrimonio, los hijos son un accidente, y lo que siente tiene la inestabilidad de los planetas. Sin embargo, permanecen juntos porque de todas formas a la nada hay que llenarla con algo más que el vacío existencial. Expresado de esta manera, el texto de la autora uruguaya, podría ser sólo otra pieza más del absurdo nihilista tan desarrollado en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, pero lo que la hace diferente son las pinceladas de humor negro, negrísimo por momentos como los apagones, tres, que estructuran hacia el final la intriga, con un continente y un contenido uruguayo inconfundible, que desató la risa durante toda la puesta. La puesta en abismo que desata la ya tan vapuleada relación familiar, para la autora no tiene como razón de su deterioro paulatino sólo las complicaciones cotidianas, sino fundamentalmente los interrogantes que la humanidad se hace desde siempre; la eternidad de un camino seguro hacia la muerte, sembrado de agujeros e incertidumbres. Las muy buenas actuaciones de Julieta Bottino (2) y Piero Anselmi (3), que rompiendo la cuarta pared nos ingresan desde la platea en el conflicto, hacen de un texto duro e inquietante, que el espectador pase de la ternura que a veces desatan sus criaturas, a la risa por lo absurdo y bien logrados de sus diálogos, para finalmente acompañar los avatares de una ruptura con un silencio cómplice, donde más de uno siente que las preguntas sin respuestas, y el desgaste de toda comunicación humana, no es un acontecimiento ajeno. La dirección de Gerardo Begérez (4) utiliza con inteligencia las potencialidades del texto y de sus actores, y logra los efectos expuestos con procedimientos sencillos, y un buen uso de la iluminación. La propuesta de un ciclo de teatro uruguayo en Buenos Aires, es una excelente idea que nos permite acercarnos aún más a dolores y carencias que no reconocen fronteras.
Datos extraídos de una entrevista realizada a Gerardo Begérez en el transcurso del ciclo.

(1) Angie Oña es actriz, directora, dramaturga y docente nacida en Montevideo, Uruguay. Egresada de la Escuela Municipal de Arte Dramático Margarita Xirgu. Sus obras son: El auto feo (1999); Fgegue Yake Corso (1999); Criminal (2003 ); Afuera hay lugar (2004); Los tristes (2006); Éter retornable (2008). Recibió los siguientes premios: 2006: Fue ganadora de la beca Luis Cerminara otorgada a jóvenes creadores por la IMM.2008: Éter retornable Premio de Dramaturgia Dos en escena otorgado por el Centro Cultural de España 2004; también obtuvo por El auto feo el Premio Florencio Revelación como dramaturga, directora y actriz 2004; y por Corso Criminal fue premiada en el Encuentro de Teatro Joven organizado por la IMM 2003; El auto feo Premiada en el Encuentro de Teatro Joven organizado por la IMM, obteniendo además mención especial a la dramaturgia y la actuación.
(1a) El Galpón es una institución teatral uruguaya fundada el 2 de septiembre de 1949 a partir de la unión de dos instituciones teatrales: La Isla, dirigida por Atahualpa del Cioppo y el elenco del Teatro del Pueblo. Después de dos años de trabajo conjunto lograron inaugurar una sala de espectáculos para 150 personas en una antigua caballeriza convertida en un galpón de la Barraca Zunino, en la esquina de las calles Mercedes y Carlos Roxlo de la ciudad de Montevideo. Allí nace la sala de El Galpón. Fue una de las primeras instituciones teatrales independientes en contar con una sala propia. Una importante parte de la historia del teatro independiente del Uruguay está ligada a la historia de El Galpón. Estrenaron casi todo Bertolt Brecht, donde obtuvieron éxitos importantes como con La ópera de dos centavos, El círculo de tiza caucasiano que fue llevada a con tal éxito que se trasmitió vivo una de sus funciones. Desde sus comienzos El Galpón tuvo su Escuela de Arte Escénico, lo que le facilitaba incrementar y formar a sus futuros elencos; tuvo un elenco dedicado a los títeres, un seminario de autores nacionales que permitió estrenar a Juan Carlos Legido o Mauricio Rosencof, entre otros autores. Mantuvo una política de extensión cultural que consistía en ofrecer funciones a escuelas, liceos, sindicatos, etc. como una forma de llevar el teatro a quienes no eran espectadores teatrales.
(2) Julieta Bottino se formó, entre otros, con los docentes: Ariel Bonomi, Eduardo Pavelic, Julio Ordano y Diego Cazabat. Desde el 2007 cursa talleres y seminarios en el CELCIT con Juan Carlos Gené y Verónica Oddó. También participa como actriz en los cursos de Dirección y Puesta en escena, dictados por J.C. Gené. Trabajó como actriz en las siguientes obras: “El Pretendiente”, de Andrés Granier, Teatro Corrientes Azul (2008); “El jardín de los cerezos”, de Anton Chéjov, dirigida por Hugo Alvarez, en el Teatro Corrientes Azul (2007); “Los Noronha”, de Nelson Rodríguez, dirigida por Hugo de Bernardi, en el teatro El astrolabio teatro (2005-2006). Participó como asistente de producción en el Ciclo 9 autores, desarrollado en el Teatro Nacional Cervantes, durante el 2003. Actualmente es la productora ejecutiva de En alta mar, de S. Mrözek, con dirección de Mariana Díaz, en el teatro La Tertulia. Estrena en febrero “Tengo Miedo Torero” una puesta en escena de G Begérez.
(3) Piero Anselmi Reside desde hace unos años en Buenos Aires. En Uruguay realizó estudios con Ricardo Beiro, Carlos Aguilera, talleres con Lazzo, E Grasso. En Buenos Aires estudia con el Maestro Raúl Serrano, egresa de su escuela y lo asiste hasta la fecha en su teatro Del Artefacto. Es docente de segundo nivel en la Escuela de Teatro de Buenos Aires. Dirige “Ivanov” en teatro Del Artefacto y participa como actor en varios montajes en Buenos Aires. 
(4) Gerardo Begérez uruguayo. Actor, Director y Gestor.  Formado en Teatro El Galpón de Montevideo y ha sido miembro de su elenco por varios años. Ha actuado en más de veinte espectáculos y dirigido otros cuatro. Egresado de la Escuela Mario Galup de Teatro El Galpón, tuvo como Maestros a María Azambuya, Nelly Goitiño, Dervy Vilas, Roberto Fontana, Roger Mirza, César Campodónico, entre otros. En Buenos Aires ha asistido a clases con Ricardo Bartís y en Dirección y Puesta en escena con Juan Carlos Gené del CELCIT. Como Actor el pasado año trabajó en “Un Hombre es un Hombre”, de Bertolt Brecht. Espectáculo nominado a cuatro premios Florencio y ganador de un Florencio al mejor elenco. Dentro de El Galpón trabajó como actor en “Galileo Galilei” de B Brecht, “Platonov” de Chéjov, “Jetattore” de Laferrere, “El Nuevo” de Falconi, “Casiperro” de G. Montes, “El Organito” de Discépolo, “Terrores y Miserias del Tercer Raich” de B. Brecht, “El estado del alma” de Ahunchaín, entre otros. También dentro de El Galpón dirigió “La tercera parte del Mar” de Tantanian y  “Mi pequeño Mundo Porno” de G. Calderón (semimontaje). Como Gestor Cultural trabajó durante siete años dentro del Departamento de Extensión Cultural de Teatro El Galpón, armando proyectos, coordinando giras nacionales e internacionales, planificando funciones en las salas para niños y jóvenes. Miembro integrante de la Comisión Artística de Teatro El Galpón, electo por Asamblea. Órgano que tiene como cometido elegir el repertorio para cada sala, armar los repartos, elegir directores y proyectos artísticos. Seleccionado como expositor del II y III Coloquio Internacional de Teatro organizado por la Facultad de Letras. Este año estrenó una nueva versión de la obra del argentino A Tantanian “La tercera parte del mar” esta vez en Buenos Aires, Teatro Abasto social Club. En cine: ha participado en varios cortometrajes y este año actúa en la película "El cuarto de Leo" en un rol coprotagónico, una producción uruguayo-argentina. En vacaciones de invierno protagonizó en Buenos Aires un musical para niños en el Teatro La Trastienda junto al músico Ruben Rada. Actualmente está ensayando una versión de la novela del polémico escritor chileno Pedro Lemebel (“Tengo miedo Torero”) a estrenarse en Buenos Aires a mediados de febrero en el teatro La Comedia. A su vez ensaya “Reglas, usos y costumbres de la sociedad moderna” de Jean Luc Lagarce; un unipersonal que dirige el español Ernesto Calvo cuyo estreno será en Valladolid, España; en el mes de abril.

Homenaje a la literatura argentina, Sportivo Teatral La bella levedad de la metáfora en el camino literario de la violencia

Azucena Ester Joffe, María de los Ángeles Sanz

 foto de Melina Chamatropulo

Un espacio que se expande por donde los espectadores, expectantes ante el comienzo de la puesta, van construyendo con su sola presencia la teatralidad del acontecimiento. Nada es azaroso, salvo la inesperada reacción de algún participante que se descubra arrastrado de un lugar a otro o que dude en tomar el regalo de una poesía, una carta, un trozo de voz de los autores de una escritura que abarca desde 1840 hasta hoy. Pero desde la llegada todo es escenario, todos somos actores a la espera de los actores que harán cuerpo las palabras de Esteban Echeverría, de Néstor Perlongher, de Vera Valdor, Osvaldo Lamborghini, Abelardo Castillo, el inefable Jorge Luis Borges, Antonio Di Benedetto, la reflexión de Andrés Rivera, la misoginia de Roberto Arlt. Los anfitriones, Sofía Boscacci y Leonel Elizondo, ingresan al público a un mundo otro desde la cadencia del decir y la presencia de un vestuario que retrotrae a la década del 30/40, poblada de homenajes a la poesía, y de academias de declamación; tiempo de la voz y el decir de Berta Singerman (1). Sin embargo, la introducción es engañosa porque no es poesía en el sentido estricto lo que el espectador va a presenciar, sino la poesía que aparece de la excelencia de las actuaciones, y que subyace en la metáfora que los textos encierran. Como cuadros que van descubriendo los deseos y las inquietudes de los autores, apelando en la mayoría de los casos al monólogo, los actos se suceden y ponen en escena la rica composición de personajes diversos, que presentan al espectador mundos inquietantes desde una subjetividad omnipresente. Desde la violencia explícita en el apasionado relato de El Matadero de Echeverría, hasta la que se ejerce con la palabra que somete desde el amor, el recorrido no olvida ninguna forma de ejercer sobre el otro o sobre sí mismo, el peso de una fuerza que lleva al crimen físico o moral. Así, el espectador va circulando por los siete cuadros de la obra, siete tiempos y espacios diferentes, que lo sumerge en el río sagrado de nuestra Literatura y de nuestra memoria colectiva. El grupo de actores con el original uso de los espacios escénicos corporeizan los diversos fragmentos, que como un rompecabezas se van fusionando en un todo perfectamente ensamblado. La gestualidad y el registro de sus voces permiten al público hundirse en el mundo ficcional, donde el pasado se actualiza y estalla dentro del Sportivo Teatral.
foto de Melina Chamatropulo

Ficha Técnica: Homenaje a la literatura argentina. Sportivo Teatral. Anfitriones: Sofía Boscaccci, Leonel Elizondo. Elenco: Cynthia Canteros, Micaela Rey, Jorge Agustín Romero, Lorena Damonte, Pablo Caramelo, Catalina Muñoz, Sabrina Lara y Eliana Chamatrópulo, Marina Carrasco, Joaquín Wang, Andrés Irusta. Bandoneón: Hernán Melazzi. 

1 Berta Singerman había nacido en Mozir, una pequeña ciudad de la Rusia zarista, que ella recordaba con honda calidez: Mozir es el bosque y el río; los cuentos de la abuela. Ahora todo está tan lejano que aquellos años son apenas siluetas en tardes grises de invierno, perdidas en la bruma. De Mozir se alejó cuando tenía 4 años. Su meta era Buenos Aires, donde a los 5 empezó su relación con el teatro, al menos de una manera casera. Representaba obras con sus hermanos y los vecinitos del barrio, que se encargaba de dirigir. A los 8 arrancó profesionalmente en una compañía que hacía melodramas en idish (A mí me tocó interpretar más de una vez a huerfanitos) y a los 10 integró un elenco que hacía nada menos que obras del dramaturgo sueco August Strindberg. Más allá de los escenarios, Berta extraía de esa época otra clase de vivencias. Solía mencionar que jamás se olvidaba de los olores de la cocina judía de su madre, como tampoco dejaba de acordarse de la voz de barítono del padre, que cantaba temas revolucionarios, letras vinculadas a las horas en que luchó contra el régimen zarista de su país. Asimismo, la abuela de los cuentos, una mujer muy religiosa, ocupaba un espacio especial en sus evocaciones. Ya con suficiente experiencia escénica, en 1932 fundó y dirigió la Compañía de Teatro de Cámara, con la que recorrió un amplio repertorio universal. Pero su marca mayor proviene de su etapa de recitadora. En ese terreno, la figura de Berta Singerman crece hasta niveles superlativos. Neruda, Juana de Ibarbourou, Lugones, García Lorca, León Felipe, Juan Ramón Jiménez y muchos nombres más fueron evocados por su garganta privilegiada. Le devolví la poesía al pueblo. Saqué la poesía de los libros, a los que sólo accedían minorías selectas, decía. Al mismo tiempo, le gustaba aclarar: Recitadora o declamadora me parecen palabras odiosas. Soy una intérprete; ése es mi oficio. Por lo demás, su personal estilo impulsó a Jorge Luz a imitarla, con afecto. Casada a los 18 años con Rubén Enrique Stolek, un intelectual judío que murió en 1972; criticada en su momento por haber firmado manifiestos antifranquistas y con algunos problemas originados en su condición de judía, de acuerdo a declaraciones que formuló en determinadas ocasiones, Berta Singerman fue -por sobre todas las cosas- una artista impar.

Sacco y Vanzetti (2009) de Mauricio Kartun

Y cuando una pena nos mata por dentro, cantamos más tristes pero igual cantamos (1)

por Azucena Ester Joffe y María de los Ángeles Sanz

Sacco y Vanzetti (2009)

La Federación Argentina de Cooperativas de Trabajadores Autogestionados (FACTA) que funciona, en Buenos Aires, en el Hotel B.A.U.E.N. en su plenario nacional presentó el proyecto sobre la idea de:

Producir este tipo de eventos tiene que ver con la necesidad de contar con herramientas para trabajar con compañeros y compañeras de nuestras organizaciones sobre nuestra historia como clase trabajadora, sobre la necesidad de tomar en propias manos el destino, sobre el proyecto en común que nos lleve a un mundo sin explotación y sin opresión (2).
A 100 años del auge del movimiento anarquista en la Argentina y, por lo tanto, de la proliferación de grupos filodramáticos acrátas, hoy el Colectivo de Trabajo Sacco y Vanzetti no sólo cumple con la función concientizadora –el principio constructivo de antaño- apoyada en la dramaturgia sumaria de documentos históricos de Kartun, sino que la función estética, creadora, se amalgama sin subordinación en el hecho teatral.


“Nuestra condena se ha convertido en nuestro triunfo”  Bartolomeo Vanzetti

Si Sacco y Vanzetti es una obra paradigmática de la lucha mundial por la libertad en la figura emblemática de los dos ácratas italianos, el espacio donde sucede la puesta dirigida por Viviana Ruiz es el lugar donde se reúnen la atmósfera libertaria de la década del veinte y las luchas obreras de un contexto actual. El texto dramático soporte de la puesta oscila entre la vida pública asociada a los movimientos ácratas y la vida privada, la relación con los padres y los hermanos en Vanzetti; la relación con los hijos y el amor en Sacco. La puesta mantiene el equilibrio entre las dos realidades de los personajes, exhibiendo las contradicciones que surgen en la elección de un compromiso activo con el pensamiento libertario. Este procedimiento dual, lejos de dispersar la intriga, construye la dimensión humana de ambos personajes. El poder, la xenofobia americana, que no sólo involucra al país del norte sino que tenía su correlato en nuestro país, y que aún hoy se encubre muchas veces en discursos defensores de la nacionalidad. Los distintos niveles en el espacio despojado permiten la transición de una escena a otra, o de escenas simultáneas. Dinamismo que también facilita la iluminación que va focalizando según lo requiera la historia –la detención, el interrogatorio, el juicio, la prisión- hasta el abrazo final de ambos personajes formando un nudo en el que se corporeiza la Idea libertaria: “Viva la narchia! El espacio público se contamina con el espacio privado a lo largo de la obra y los límites son imprecisos. El recurso escenográfico de la circulación de las cartas de Bartolomeo, “Querida hermana: Aquí estoy de vuelta en la ciudad. Compré por fin el carro y la balanza para vender pescado…”, o luego, “Querido padre, vuelvo a escribirle para reafirmar una vez más mi inocencia…” van sumando dramatismo al relato. Por otro lado, las estructuras metálicas cuya funcionalidad las convierte en un elemento sumamente dinámico y más relacionado al ámbito público. Por lo tanto, el dispositivo escénico contribuye al ritmo global que alcanza el espectáculo. 


Vanzetti (Fernando Santiago) y Sacco (Fernando Martín)

Sacco y Vanzetti es un texto que tomado como soporte de un teatro comunitario, ofrece desde su textualidad y la constitución de su producción un camino hacia la concientización de una problemática que atraviesa la dimensión histórica y construye un diálogo profundo con una realidad que involucra tanto al espectador como a los integrantes del proyecto. Como afirma Héctor Alvarellos:
Diciembre de 2001 marcó un hito en muchos aspectos. En lo que atañe a la reapropiación del espacio público, mucha gente sintió la necesidad de volver a encontrarse allí, sumando a un proyecto que fue la formación de grupos de trabajo comunitario, algunos barrios hoy cuentan en sus plazas con espectáculos realizados por vecinos. (…) (3)

En este caso no es la calle, ni el barrio el locus que cobija al espectáculo sino la sede del Bauen, que ofrece los ecos de las luchas gremiales, de fabricadas tomadas por los obreros, de cooperativas de trabajo, ligando a la sociedad en el aspecto fundamental para su supervivencia: la solidaridad.

Ficha técnica: Sacco y Vanzetti. Autor: Mauricio Kartun. Elenco: Jorge Brambati, Cristina Ferrajoli, Luciano Guglielmino Natalia Marcet, Fernando Martín, Mario Moscoso, Gustavo Pardi, Camilo Parodi, Natalia Rey, Fernando Santiago, Norberto Trujillo, Rafael Cejas. Dirección y Puesta en escena: Viviana Ruíz. Escenografía: Carlos Di Pasquo. Vestuario: Nené Murúa. Organización Musical: Nicolás Allegro. Iluminación: Federico Moyano. Asistente de Dirección: Nicolás Allegro. Asistente de Vestuario: Analía Morales. Asistente de Producción: Rodrigo Levi Hadid, Jimmy Padilla, Mónica Scandizzo. Asistente de Escenografía: Fernando Díaz. Realización Escenográfica: Víctor Salvatore. Asistente de Realización Esc.: Andrés Rasdolski. Realización Utilería: Fernando Díaz. Colectivo de Trabajo Sacco & Vanzett. Auditorio B. A. U. E. N.

(1) Del tango Gorriones, de Celedonio Flores
(2) http://www.facta.org.ar/notas/04/saccovanzetti.htm
(3) Alvarellos, Héctor, 2007. Teatro callejero en la argentina 1982-2006. De lo visto, vivido y realizado. Buenos Aires: Ediciones Madres de Plaza de Mayo. (163)

El Ojo del Río (2009) de Norman Briski

"No podría vivir en un lugar en donde las calles no fueran de agua"

por Azucena Ester Joffe y María de los Ángeles Sanz 


La propuesta de Andrés Bailot y el Grupo de Teatro Popular Arroyo Felicaria corporizan al río, le ponen el cuerpo a la vida más allá de las inclemencias del tiempo y del espacio. Saber que se puede llegar en un bote, cruzando el Paraná de Las Palmas cuando una parturienta está a punto de dar a luz. Saber que se puede llegar, cruzando el Delta hasta la calle Corrientes, en el Centro Cultural de la Cooperación -próximamente, con un espectáculo hecho a todo “pulmón”. Dejarse llevar por la corriente del río, abriendo sus aguas como alguna lancha pero no como medio de transporte, sino como la prolongación del cuerpo del isleño. Dejarse llevar por el impulso interior del deseo de hacer teatro, abriendo paso a lo que implica montar una obra pero con un salto cuantitativo: es la primera puesta en escena que ser realiza en el Delta. El Felicaria Fútbol Club, fundado en 1929, es el marco perfecto para que más de 15 lugareños sean la expresión del orgullo de ser isleño. Esta intensidad invade al espectador más allá de lo que para muchos sería algo exótico. A los que vivimos en “tierra firme” nos llevan entre el entramado histórico, social y económico, entre naranjos, ceibos, cañas y mimbres que se deslizan por el río de la memoria oral, colectiva, y el amor hacia las Islas. Isleños no actores “que juegan a ser actores”1 y que son la corporeidad isleña, son El Ojo del Río. Jean Doat afirma que en todo ser existe, el instinto preestético de la teatralidad; el escritor francés en sus trabajos intenta probar la manera natural y espontánea en que el hombre tiende a la expresión teatral, y por otra parte, como el teatro sería el vehículo para perfeccionar esta teatralidad individual, entendiendo el arte dramático en función comunitaria1a dirá: “El teatro ha nacido de la necesidad de expresarse que tenía una comunidad frente a sí misma” ( Castagnino,1967:30) De la misma manera coincide con este pensamiento Jean Louis Barrault, considerando en sus escritores posteriores a la lectura de Jean Paul Sartre que el teatro es para el hombre, afirma: “El hombre y todo lo que es o parece humano en la naturaleza (animismo) es tema del teatro. La materia del teatro es el hombre; el teatro debe hacerse para el hombre (mimetismo) y el objeto social del teatro es también el hombre…” (Castagnino, 1967, 24)
De esta forma, la puesta que el grupo desarrolla con procedimientos sencillos apunta al corazón del espectador y logra captarlo desde la sensibilidad del texto, de la voz y de las acciones de los actores y atravesarlo con ráfagas de memoria compartida, es desde ese lugar que el espectador devuelve el fervor que los actores entregan desde la escena. La esencia del teatro comunitario es la relación de solidaridad que el juego a ser actores impone como teatralización de ese tejido social que sólo sobrevive a partir de las relaciones solidarias. Un tejido social tantas veces cortado, destruido y que es fundamental restituir no sólo en beneficio de las pequeñas comunidades sino para toda la red social. La fuerza que aporta un teatro que profundiza en su carácter gregario, hace posible la realización de todos los sueños, como aquellos que narra su dramaturgia y que se concretaron recordando a Arlt, por prepotencia de trabajo.


Ficha Técnica: El Ojo del río de Norman Briski. Dirección: Andrés Bailot. Gurí/Javier Moyano; Mono, Padre/Jorge Gauna, Gallego de lata/Rodolfo Muñiz; Correntino Malo/Rubén Córdoba; Virge/Valentina Barrós Griffiths; Antonia, hija/Alicia Montegutti; Locutor/Pablo Etchevers; Madre, Ojo del Río/Guillermina Weil; Hilda/ Hilda Benítez; Marica Rivero/Sandra Tomaselli; Canoa/Lucía Cendom; Lancha colectiva/Yamila Belén; La Venida /Silvia Sergi; Hija del Río/Laura Monzón. Música: Joaquín Almanza, Tomás Nine y Lucía Cendom. Sonido e Iluminación: Gerardo Rodríguez, Jesica Rodríguez, Mauricio Córdoba, El Gaucho Luciano Pereyra. Escenografía: Victoria Clements/Rodolfo Munz. Vestuario: Grupo de Teatro Popular Arroyo Felicaria.  

Bibliografía
Castagnino, Rául, H, 1967. Teoría del teatro. Buenos Aires: Plus Ultra.

1 “Los integrantes de una agrupación teatral comunitaria se denominan vecinos – actores, son amateurs en el sentido francés de la palabra porque hacen lo que aman y no perciben dinero por ello. En este sentido es importante destacar, que sin el componente afectivo, el teatro comunitario sería difícil de concebirlo. Sus integrantes reciben talleres y práctica en habilidades técnicas del trabajo actoral, (canto comunitario, técnica vocal, coreografía, habilidades propias de la técnica del payaso, humorismo) de manera de llegar de forma clara y directa al público. Desde su experiencia y el proceso de desarrollo del trabajo artístico y colectivo, cada integrante experimenta, en su respectivo tiempo, el crecimiento de sí mismo y, en consecuencia, el de su entorno”. ( “Teatro anarquista y teatro comunitario”, Tomás Raskin, trabajo inédito) Tomás Raskin, es actor, dramaturgo y director teatral www.tomasraskinactor.blogspot.com
1a Del mismo modo Henri Gouhier en una comunicación para el Centro de estudios filosóficos y técnicos de teatro llevada a cabo en la Sorbona, en marzo de 1950, que denominó ‘De la comunión en el teatro’ afirmaba:
“El teatro es un arte de comunicación. La obra se representa delante de un público, es decir, delante de hombres y mujeres congregados para oír juntos, para ver juntos, para constituir provisoriamente una comunidad…” (15)

Corazón Débil basada en la Adaptación de la novela de Fedor Dostoievski por Mariel Bignasco

El dolor que produce la felicidad

Azucena Ester Joffe, María de los Ángeles Sanz



Un hombre es feliz, se va a casar con la mujer que ama, su patrón le ha pagado cincuenta rublos, y le otorga un día libre para que disfrute de la vida, pero tiene un deber que cumplir copiar textos que escribieron otros, y la felicidad que lo embarga no le permite trabajar; se dispersa, sufre, se altera, se enferma y lo pierde todo, amor, mujer, trabajo y la posibilidad casi recién nacida de la felicidad. ¿Cuál es el precio que la dicha del amor se cobra? ¿Por qué Vicsa se siente tan culpable de sentir su alma llena de dicha? ¿Por los demás, por qué no se cree digno de ella?; ¿por qué es un contrahecho, un diferente, y ella es tan bella, un ángel de voz melodiosa y una historia de amor que la ha convertido en víctima? ¿A qué guerra hace referencia el texto? ¿Por qué ni los cuidados ni atenciones de todos pueden salvarlo de la locura que el estar enamorado, sentimiento desconocido por él hasta entonces le produce? Culpa, la culpa tan cara a la religión católica que rodeaba el imaginario de la época y del autor1, y por otra parte, a la profundidad psicológica que desarrolla en la composición de sus personajes. Si el mundo se derrumba, si la gente muere en guerras absurdas, si no todos tienen té para calentar el cuerpo, y amor para entibiar el alma, cómo puedo yo ser feliz, tener un trabajo digno, comer y beber y además gozar de las dulzuras de un amor correspondido. La felicidad no se puede sostener en el tembladeral de una sociedad injusta, dentro de un corazón débil. El texto relaciona procedimientos de dos estéticas presentes desde mediados del siglo XIX, el romanticismo y el realismo1, separadas sobre todo por dos elementos que las diferencian, el interés del realismo por copiar los procesos de la realidad, es decir, en cuanto a los personajes la “tipificación”; en segundo lugar el análisis psicológico, vinculado al lenguaje para describir los procesos. (Gatto, 1972,200) Dostoievsky escribe Corazón débil en 1848, su temática ya la había desarrollado en un “feuilletons”1a de 1847 de la serie Crónicas de Petroburgo, y tendrá una continuación luego en El árbol de Navidad (1848). Producido en la estética conocida en Rusia como la Escuela Natural, también llamada literatura de denuncia, el autor compone un relato, con algunos elementos autobiográficos, donde aparecen “las relaciones entre el arte y la realidad (…) para que el arte cumpliese la función social que, según, su iniciador Belinski2, no habían cumplido ni el clacisismo ni el romanticismo” (Gatto, 1972, 199) La pieza dirigida por Mariel Bignasco en el Teatro del artefacto bucea en todos esos interrogantes, a través de un texto inteligente, y con una expresión actoral que aúna cuerpo, voz y gestualidad para construir personajes verosímiles, que inspiran ternura, risa, y finalmente una profunda tristeza, por lo que pudieron y no consiguieron ser. Los actores transitan por todos los grados de subjetividad que se producen en un ser humano cuando se encuentra en el límite de una decisión que afectara los destinos de su vida, tal vez para siempre. Desde el vestuario y el uso del espacio escénico, las construcción del adentro y el afuera, a partir de la iluminación y de los límites del espacio a partir de pequeños cortinados, los objetos pero sobre todo la proxemia que reproduce el carácter y la idiosincracia de los personajes rusos de la época zarista. Ambos dispositivos –escenografía e iluminación- crean el espacio ficticio y, a su vez, los actores van delimitando áreas más pequeñas, ámbitos más íntimos. Como la matrioska –muñeca rusa- que en su interior alberga una nueva muñeca. Así el espacio tiene volumen pero es dinámico, se materializan: el cuarto de la pensión, la fría calle que separa a los enamorados, la casa de la novia, el puente, el puesto de venta de sombreros y el lugar del protector. Vicsa (Alejandro Magnone) y Arcadio (Sergio Pascual) van atravesando los distintos espacios creando la atmósfera que requiere el texto dramático, escenas sucesivas o simultáneas, se van desarrollando con un movimiento circular, como una fuerza centrípeta en tanto avanza el deterioro físico de Vicsa: el dolor que produce la felicidad.


Ficha técnica: Corazón Débil adaptación de la novela de Hedor Dostoievski. Traducción: Raúl Serrano. Dramaturgia y Dirección: Mariel Bignasco. Elenco: Alejandro Magnone, Sergio Pascual, Cecilia Labourt, Laura Conde. Asistente de dirección: Alicia Caldarone. Escenografía y Vestuario: Juan Ferreira, Alicia Caldarone. Realización de vestuario: Ana Lía Bértola, Vivian Edel Urraco. Operación de Luces: Matías Miranda. Compañía de Teatro Crudo. Teatro del Artefacto. Prensa: Tehagolaprensa.

Bibliografía:
Lo Gatto, Ettore, 1972. Literatura Rusa Moderna. Buenos Aires: Editorial Losada.

1 El autor en una carta a su sobrina Ivánova, expresaba que: “ (…) en la historia de la humanidad sólo ha habido un ser positivamente bueno, Cristo, y que entre las criaturas terrenas sólo Don Quijote fue positivamente bueno, pero cómico”. (Gatto, 1972, 324) De todas maneras es también un hecho histórico que sobre todo en los primeros trabajos del novelista ruso además de su capacidad psicológica y su expresividad está su conocimiento sobre el socialismo utópico de Fourier, por asistir a las reuniones del círculo social – político de M. V. Petrashévsky termina siendo arrestado y condenado a trabajos forzados. Ambos componentes autobiográficos componen los materiales para la construcción de sus personajes.
1 Como afirmaba Máximo Gorki: en los artistas más eminentes, el realismo y el romanticismo estuvieron siempre unidos. (…) esta fusión de romanticismo y realismo es especialmente característica de nuestra gran literatura, y es ella la que le da la originalidad y la fuerza que cada vez más evidentemente y más profundamente están influyendo en la literatura de todo el mundo (Gatto, 1972,200/201)
1a Del francés feuilleton, más probable que del italiano foglietto, pasando por el español folleto. La voz francesa se creó para designar las novelas publicadas en capítulos en la prensa parisina del siglo XIX, una costumbre inaugurada por Eugène Sue en el diario Constitutionel, seguida años más tarde por numerosos escritores entre los que destacaron Alexandre Dumas y Honoré de Balzac. Feuilleton proviene de feuille ‘hoja’, pero hoy se llama folletín a toda obra de narrativa presentada en capítulos, y no necesariamente en papel impreso, como los culebrones televisivos, por ejemplo. El feuilleton francés fue inventado por Julien Louis Geoffroy and Bertin the Elder, editores del Journal des Débats. Rusia cultivó el género feuilleton desde el siglo XIX, y la palabra adquiere el significado general de pieza satírica en el lenguaje ruso.
2 Belinski empleó por primera vez la designación de “Escuela natural” en 1847, en el artículo Visión de la literatura rusa de 1846, donde le daba como característica no solo relacionarse con la realidad sino además el presentar gente vulgar, sin ninguna especie de idealización. (Gatto, 1972, 199)

Perturbados entre lilas (1969/ 2009) de Alejandra Pizarnik

Sólo las palabras hubieran podido salvarme, pero estoy demasiado viviente. No; no quiero cantar muerte. Mi muerte... el lobo gris... la matadora que viene de la lejanía... ¿No hay un alma viva en esta ciudad? Porque ustedes están muertos. ¿Y qué esperanza nos queda si están todos muertos? ¿Y cuándo vendrá lo que esperamos? ¿Cuándo dejaremos de huir? ¿Cuándo ocurrirá todo esto? 
(Pizarnik, Poseídos entre lilas, 1969)

Azucena Ester Joffe, María de los Ángeles Sanz


Alejandra Pizarnik escribe Poseídos entre lilas entre julio y agosto de 1969, cuando deja las formas que había desarrollado en sus trabajos y comienza a incursionar en la prosa poética y el teatro. El espacio ofrecido en la sala de La Ranchería a la propuesta dirigida por Leonel Figliolo(1), envuelve al espectador desde su ingreso, en la atmósfera, extraña, sugerente y asfixiante del mundo onírico que desarrollara la poetisa. La escenografía y el juego de luces acentúa el clima irreal y atemporal de lo allí narrado a través de personajes que son todos y uno mismo, el producto de la imaginación de un alma que vive en el “border” impreciso entre la realidad y la ficción de su propia voz, en el juego magistral de las palabras. Si para Borges el paraíso era una biblioteca, para la autora de los versos más complejos y simples a la vez, más dolorosos; el mundo de las letras es a la vez su paraíso y su infierno. Aquél que ella construye con los despojos de una realidad que no alcanza para darle sentido a la vida. El mundo como un tiovivo impreciso gira, como en círculos espacio – temporales giran los personajes sobre los triciclos que son a la vez compañía y amenaza. En el centro, quieta, inmóvil, sentada sobre un vehículo que no se mueve, Segismunda, Rosalía Menna, prisionera de sí misma, domina el escenario de la vida y de la muerte. No es casual que el personaje se llame así, su nombre remite a aquél del famoso monólogo, en la pluma de Calderón de La vida es sueño, sueño barroco que deja a su héroe preso de un destino marcado y que luego libera para dejar que sea él quien teja por fin la red de sus acciones. El Segismundo del vate español, no acierta a saber cuando despierta en palacio donde está la realidad y donde el sueño, que momento de lo soñado es real, confundido por la pócima que recibe de aquellos que juegan con él como con una marioneta de carne. La Segismunda de Perturbados entre lilas, nunca sale del estado de ensoñación porque las ventanas que le permiten ver hacia fuera son también el límite de su mirada. Los actores, Celeste Penna (Carl), Cecilia Tognola (Futerina) y Esteban Bresolín (Macho), llevan adelante un texto de difícil comprensión para el espectador pero por momentos de gran belleza plástica. Su gestualidad, el registro de sus voces, la ambigüedad de su sexualidad, la expresión de sus miedos, sus deseos, y sus odios, tienen la expresión exacta. El juego con la tela semi transparente que cambiará de función de acuerdo a la intriga, los objetos: muñecas, diademas, ganchos de arrastre; nada está puesto sin que cargue con un doble significado, como en toda metáfora, uno literal y otro que remite al sentido. Es importante la utilización del lienzo como un elemento que en sí mismo genera sentido, porque hay una relación dialéctica entre el cuerpo del actor, la iluminación y este material. No es azaroso que la obra se inicia y finaliza con la misma escena. Un sutil envoltorio –como una barrera placentaria- atravesado por la tenue iluminación mientras el resto del escenario queda en penumbras. ¿Cuál es el valor de este signo? Signo que modifica al personaje, que pone un límite y cierra un espacio; a su vez, deja atrapado al espectador –por el proceso de semiotización- en una experiencia claustrofóbica e intensa. El vestuario construye en el collage de texturas, el deterioro y la dualidad de los personajes. La textualidad de Alejandra Pizarnik estaba cargada de monstruos y fantasmas que atormentaban su alma, hasta seducirla a la muerte; la puesta logra recrear ese sentimiento de orfandad de mundo y de necesidad de construir otro, diferente, aunque tan cruel, despojado, y siniestro como el de la vida real. El amor inalcanzable, porque no se puede acudir hacia él, detenida por un cuerpo sin movimiento, el odio por la falta y la diferencia de ser otra y muchas y ninguna como los demás esperan, la soledad, el deterioro del cuerpo, la fealdad, giran como en esa calesita imaginaria alrededor de un sujeto quieto en su dolor, incapaz de otro sonido y otro gesto que no sea el de la voz, el de la palabra. Pertubados entre lilas, es una puesta que apela a la irracionalidad del expresionismo(1a) y el surrealismo(2) de la escritura de la Pizarnik, difícil pero bello, como esos cuadros que nos atraen aunque nos aterren. 


Ficha Técnica: Perturbados entre lilas de Alejandra Pizarnik. Dirección: Leonel Figliolo. Elenco: Rosalía Menna, Celeste Penna, Cecilia Tognola, Esteban Bresolín /Jorge Barreiro. Escenografía: Valeria Fieschi. Diseño de vestuario: Natalia Dente y María Chevalier. Dirección de iluminación: Hugo Ariel Varela.

1 Leonel Figliolo es actor y director teatral. Cursó estudios de Actuación con Lorenzo Quinteros, Julio Chavez, Gonzalo Urtizberea, Gonzalo Crespo, Daniel Ferrer y Guillermo Aragonés. Seminarios con Ricardo Bartis, Eliseo Rey, Roberto Vega y Maria de la Paz Gutiérrez. Actúo en “El Resucitado” de Emile Zolá junto a Lorenzo Quinteros y Daniel Zaballa con dirección de Roberto Villanueva. También en “Tres mañanas” de Mario Cura, “Yerba mala nunca muere” y “Es mi vida” de Néstor “Cacho” Cornaglia,“La oreja” y “El Slogan” de Marcos Martinez, y “La isla de los pájaros”de R.Tagore. En cine actuó en el cortometraje “Hay unos tipos abajo” de Pablo Olmedo,y en un Mediometraje de Eliseo Rey. Actualmente se desempeña como docente de Teatro y gestor cultural de la Fundación del Centro Cultural LyF. Martinez. Prov. de Bs. As.
1a El expresionismo de la puesta se ve en el trabajo con los contrastes entre luces y sombras, y el uso de un humor negro, cínico, perverso que pone en carne viva los sentimientos de los personajes, que son almas, casi seres incorpóreos que se mueven en su pura inmaterialidad. En la expresión desgarrada al borde del grito del personaje de Segismunda, y en los matices de amor – odio de Carl, Futerina y Macho.
2 Como en el juego de Segismunda en la obra, podemos aportar definiciones de diccionario a la palabra ‘surrealismo’ o supernaturalismo como también se llamó al movimiento. La primera proviene de su calidad de sustantivo masculino: “Automatismo psíquico puro mediante el cual se propone uno expresar, verbalmente, por escrito o por cualquier otro medio, el funcionamiento real del pensamiento. Dictado del pensamiento, sin control alguno ejercido por la razón, al margen de cualquier estética o moral”. La segunda de una Enciclopedia de filosofía, dice así: “El surrealismo se apoya en la creencia en la realidad superior de ciertas formas de asociación no tenidas antes en cuenta, en la omnipotencia del sueño, en el juego desinteresado del pensamiento. Tiende a invalidar definitivamente todos los otros mecanismos psíquicos y a suplantarlos en la solución de los principales problemas de la vida (…)” Por último la que aparece en el primer número de Medium – Communication surrèaliste en noviembre de 1953: “El surrealismo es el encuentro del aspecto temporal del mundo y de los valores eternos: el amor, la libertad, la poesía” La poesía de Alejandra Pizarnik se mueve entre estas definiciones pero se concreta en la última, la textualidad de la puesta de Figliolo, también.

De como el Sr Mockinpott consiguió liberarse de sus padecimientos (1968/2009) Farsa de Peter Weiss Compañía Quinto piso

¿Qué hice yo para merecer esto?

Azucena Ester Joffe, María de los Ángeles Sanz

Peter Weiss admiraba a Bertold Brecht, y coincidía con él en la funcionalidad del teatro como herramienta de reflexión socio-política. Utilizaba al igual que el autor alemán el distanciamiento para lograr que el espectador pueda percibir la crítica social que se le ofrece, al mismo tiempo que desestabilizarlo y llevarlo a una revisión de aquellos lugares comunes en los que descansan habitualmente las conciencias. Las instituciones sostén de la sociedad burguesa, son socavadas en sus obras, y enfrentadas a sus paradojas, mentiras, y crueldades. Las pantomimas obscenas y las risas de los bufones, el aspecto grotesco de sus personajes, le servían para producir el extrañamiento necesario. El grupo de la Compañía Quinto Piso, dirigido por Daniel Godoy, hace una 


lectura inteligente del texto de Weiss y apela a todos los recursos que la teatralidad le ofrece, para en juego dinámico y entretenido exponer la tragedia de un hombre encerrado en un laberinto de malentendidos casi kafkiano, donde va perdiendo todo lo que poseía, hasta su dignidad humana. La tesis que el texto y la puesta exponen con claridad, es la fragilidad del mundo que nos rodea para el que somos simples piezas inútiles de una maquinaria sangrienta y caníbal, individuos que sin motivo pueden y son expulsados, arrojados al margen de la sociedad que los produce ante la insensibilidad de todos, propios y ajenos. Los cuadros que se suceden conducidos por los dos personajes que ofician del bien y del mal, personajes narradores a la manera brechtiana, desarrollan las vicisitudes por las que atraviesa el sujeto Mockinpott (Darío Bonhuer) en ese camino de aprendizaje que va desde su llegada a la cárcel por error, y el descubrimiento, una vez fuera de ella, del abandono en que está sumergido. El humor, lo grotesco, lo siniestro, la bufonada cruel, construye para el protagonista un universo otro, que lo atrapa y del cual busca salir con precarias herramientas. El eje formal es la deconstrucción de los códigos teatrales vigentes. La fragmentación y el ritmo escénico producen un efecto disonante, que deja al descubierto la textura “artificial” del hecho teatral. El grupo presenta un excelente trabajo con el cuerpo, cuerpos que son el signo dramático principal en la producción de sentidos en esta obra. Plasticidad corporal que descompone al personaje y pone en escena la animalización o la mecanización –donde cada cuerpo es un engranaje de la máquina. Este lenguaje corporal no está subordinado al lenguaje verbal, sino que –por el contrario- confluyen paralelamente y mediante la armonización de los movimientos escénico, tejen con simplicidad la trama, exponiendo al espectador, el vía crucis de un personaje que en su individualidad nos involucra a todos. El ritmo es vertiginoso, además de lo corporal, en tanto lo vocal por la rima de los versos, la música en vivo y la utilización de los objetos que van produciendo distintos significados. Así cada uno de los recursos utilizados participa en el ritmo escénico global y le confiere un particular estilo a Mokinpott: irrupciones, rupturas, fragmentación que son el medio para el distanciamiento brechtiano. No hay una perspectiva univoca, obviamente, sino que el espectador debe reconstruir esos sentidos en una relación dialéctica. Desde el escenario, la Compañía Teatral Quinto Piso ofrece un espectáculo sin fisuras que da cuenta de un proceso teatral intenso.


Ficha Técnica: Darío Bonheur (Mockinpott), Anibal Brito (Pepino), Tomás Buccella (Alguacil, Patrono, Bedel), Leandro Cóccaro (Ángel, Doctor), Carola Frank (La Mujer, Enfermera), Marcelo Gamarra (Abogado, Ser Supremo), Ana Laura José (Ángel, Enfermera), Julián Lastra (El Rival, Camillero, Figura de Gobierno, Ascensorista), Manuel Murillo (Carcelero, Camillero, Figura de Gobierno), Macarena Riesco (Figura de Gobierno). Música Original: Leandro Bisogno. Escenografía: Gabriel Sosa, Leandro Cóccaro, Daniel Godoy. Maquillaje: Loli Angeletti, Belén Anseloni, Vestuario: Daniel Godoy. Diseño de Iluminación: Daniel Godoy, Manuel Rincón. Diseño Gráfico: Aníbal Brito, Francisco Martínez. Asistencia General: Franco Toscazo. Dirección y Puesta en Escena: Daniel Godoy. Teatro Liberarte (CABA)

Cámara Lenta, Historia de una cara (1978/2009) de Eduardo Pavlovsky

o La vida es una herida absurda

María de los Ángeles Sanz

Fiel al texto que Pavlovsky escribiera como continuación de Último match (1971), la puesta dirigida por Sergio Fuda(1), en el espacio Abre (club de arte) trascurre los veinte cuadros de la pieza poniendo la fuerza en la mirada cruel sobre el deterioro del personaje de Dagomar (Tomás Raskin(2)) víctima y victimario de un deporte que el autor admiraba y conocía; deporte donde el ejercicio de la violencia, es a la vez alegoría de la violencia ejercida sobre el sector social marginal, que funciona como semillero de futuros campeones, y sobre la sociedad toda, cuando presa del descontrol de su conciencia, el boxeador recuerda otros trabajos, otra violencia. La sumisión que el personaje tiene con su ex manager, Amilcar (Diego Ensinck)(3) produce en el espectador una mirada ambigua entre la sensación del abuso y la necesidad en la que se mueve esa relación en la cual los dos, ganan y pierden. Como el Lazarillo famoso, también ayuda a sobrellevar el deterioro de su entenado, pero a la vez éste le ayuda a sobrevivir ya que aún en la desgracia sigue siendo su fuente de ingresos, al mismo tiempo le escamotea la realidad, lo vive. El triángulo se cierra con la figura indispensable de Rosa, (Eugenia Campano)(4), quien aporta a ese mundo masculino la sensualidad y el relato de un mundo ajeno al boxeo. Prostituta de profesión, afirma no temerle a nada, salvo a la muerte y el deterioro que la anticipa. 


El espacio escenográfico se extiende, ya que antes del ingreso a la sala, en la espera previa, un televisor en blanco y negro, transmite y reitera secuencias de matchs de boxeo, reales y ficcionales: podemos acceder a rounds de Nicolino Locche, el intocable, o a la pelea que Oscar (Ringo) Bonavena perdiera con Casius Clay o Mohamed Alí, como quiso luego ser llamado, como así también escenas de peleas ficticias llevadas adelante desde la parodia y la risa por Charles Chaplin, Los tres chiflados, o el clásico Don Ramón de la serie mexicana El Chavo, atravesadas por imágenes de la pieza, con el tema fetichista de los pies. El procedimiento de la reiteración de la imagen, se da también en el espacio escénico, cuando algunas situaciones, o diálogos se repiten con el objetivo de señalar la deficiencia de Dagomar, pero, por momentos, este recurso extiende las acciones, lentificando el ritmo. Las buenas actuaciones, crecen en el avance de la intriga, y la secuencia que anticipa el final entre Dagomar y Rosa, logra enmudecer las risas y sonrisas que los dislates del personaje provocaban. Muy buena la incorporación de la música en vivo de Nicolás Blum que abre y cierra la obra; como así también el uso del espacio escénico que incorpora de forma natural, elementos cotidianos, como el agua de la canilla, que refuerzan la verosimilitud de las acciones y convierten al espectador en un voyeur privilegiado.

(1) Sergio Fuda es Actor, Director y Dramaturgo. En la actualidad es Director General y Artístico de aBRe club de arte. Comienza sus estudios sobre actuación en el año 1995, bajo la dirección de Isaac Eisen. Al poco tiempo; estudia con Carlos Cúneo, y con él termina fundando la agrupación "Tespis" que funcionó hasta el año 2002. Allí tuvo la oportunidad de escribir y dirigir sus propias obras en donde ya se observaba su inclinación para el teatro de imagen poética, el absurdo y la tragedia. A la par, continúa sus estudios sobre actuación y expresión corporal con Eduardo Pávelic, Ricardo Rodríguez Miró, Miguel Guerberof, entre otros. Integra a partir del año 2002 el grupo teatral "SeaBRePaRaaFueRa" en donde dirige y actúa volcándose aún más hacia el absurdo y el humor negro. En el año 2006 emprende el proyecto "aBRe", una sala teatral intimista con escenario móvil y capacidad para no más de 50 espectadores, como idea material de lo que entiende por el espacio óptimo para el tipo de experiencia teatral que decide llevar adelante. Así mismo, funda en 2006 el grupo teatral estable de "aBRe club de arte", que en el 2008 muta a "LOOTRO teatro ensamble", un grupo dedicado exclusivamente a la poética escénica, teatro del absurdo, surrealista y trágico.
A mediados del 2008 surge LOOTRO teatro ensamble, con la idea de formar un grupo teatral de experimentación enfocado sobre el teatro del absurdo, imagen poética y el trabajo del actor. En el intento por que aquellos textos vulnerables a ser dramatizados puedan ser transitados, tanto por el espectador como por los actores, con esa mirada de ficción necesaria para comprender sin dolor; es que abordamos nuestro primer proyecto y lo subimos a escena. Como afirma su director Sergio Fuda: “La aparición de la Fotografía y el Cine han calado tan hondo en nuestra forma de ver el mundo, que la Pintura y el Teatro cambian o se someten. La Fotografía es a la Pintura, lo que el Cine es al Teatro. El surrealismo, el absurdo y el realismo mágico... hacen a la misma tarea. La Fotografía vino a mostrar mejor y con mayor realismo la naturaleza toda y la Pintura evolucionó para ser concebida como una "imagen poética" de una realidad subjetiva. El Cine es realidad sobre realidades, un banco de plaza sobre el escenario nunca puede contener a la plaza como lo hace una imagen cinematográfica. Así, contemplamos una película como una sucesión de fotogramas, y esos fotogramas son fotografías, y la Plástica trocó esas fotografías en imágenes poéticas… Entonces: El Teatro debe concebirse como una sucesión de imágenes poéticas. O no será nada. O peor aún, será melodrama”.
(2) Tomás Raskin, es actor, dramaturgo y director teatral, es autor y director de El amor de Clara, puesta en escena por el grupo teatral: La Carpa era de Otro. Comenzó su formación actoral a la temprana edad de 15 años en la sala Alberdi .Desde el año 2004 hasta el 2008 estudió con Gonzalo Hurtado. Y entre los años 2006 y 2008 estudió con Raúl Serrano. En la actualidad realiza seminarios de dramaturgia con Mauricio Kartun, y se desempeña además como tallerista teatral. Participó de diversas obras de teatro, entre ellas “Edipo Rey” bajo la dirección de Viviana Foschi y “La casa de Bernarda Alba” bajo la dirección de Gonzalo Hurtado www.tomasraskinactor.blogspot.com
(3) Diego Ensinck, es actor y trabajo en las siguientes puestas: Bar-varie-te, Juana, lágrimas de tierra (La historia de Juana Azurduy); El tendedero; Berenguer (Asistente técnico, Asistente de dirección); Los siameses; El rey se muere
(4) Eugenia Campano es actriz y diseñadora gráfica, y trabajó en la puesta Dos hermanas. Desde su temprana adolescencia se ha formado actoralmente con los profesores Rubén Viani (Escuela de Comedia Musical de Julio Bocca y Ricky Pashkus), Silvia Kanter (Escuela de Comedia Musical "Río Plateado", de Hugo Midón), Fernando Piernas (Teatro-Escuela de Augusto Fernandez) y en la Escuela Metropolitana de Arte Dramático (EMAD). Ha estudiado también flamenco en el Centro Villamarin Perojano (profesora Marcela Alvarez) y Danza Jazz con la profesora Luz Ciolfi.

Foto: Anahí Nuñez

El Paraíso, de Alfredo Martín Inspirada en La Virginidad de Wiltod Gombrowicz

Cuando Eva quiere ser Lilith o la realidad amenaza el Paraíso

Azucena Ester Joffe, María de los Ángeles Sanz


El escritor polaco Wiltod Gombrowicz vivió en la Argentina más de veinte años porque la fuerza del azar lo quiso así; viaja a nuestro país ya que recibe en 1939 una invitación a realizar la primera travesía de un nuevo Trasatlántico, que será como la metáfora de un viaje iniciático para su vida. La historia atravesará su destino como el de tantas otras personas, y la Segunda Guerra mundial primero y un régimen con cuya ideología (1) no comulgaba harán que no retorne a Europa hasta 1963 y que su reconocimiento como gran escritor no le llegué en su país hasta fines de la década del cincuenta. En ese tiempo escribe entre otras piezas literarias, “Diario Argentino” (2) donde con humor e ironía, y un profundo amor como afirmará su amigo Ernesto Sábato, describirá al igual que Roberto Arlt lo había hecho en sus Aguafuertes, la fauna y flora de nuestra sociedad. Definido como un escritor difícil, casi desconocido por el campo intelectual argentino, produce textualidades teatrales que van a ser llevadas al escenario por figuras como Jorge Lavelli. Considerado un Ionesco “avant la lettre” no tuvo hasta después de su muerte el aplauso merecido. El texto de Alfredo Martín (3) respeta el espíritu del autor polaco, ya que construye un mundo verosímil dentro de sí mismo, donde el adentro y el afuera marcan la diferencia. El actor, dramaturgo y director de teatro tiene una larga trayectoria con textualidades alejadas del realismo referencial, trabaja habitualmente con obras teatrales propias o ajenas que construyen mundos otros, aunque nos hablen con la familiaridad de lo conocido. Con los procedimientos del absurdo de amenaza y “lo siniestro” freudiano, con un humor que cambia de climas y tonalidades a medida que nos acercamos al desenlace, expone en el escenario el otro significado de las palabras, la doble densidad de los silencios. El texto dramático procede del cuento La Virginidad, de Grombrowicz; concepto atravesado por su connotación sexual, ser virgen como valor de cambio en una sociedad donde todo es mercancía, y por el concepto de saber, virgen sin mácula, ignorante de todas las lacras humanas que existen fuera de los muros de la casa. El jardín, metáfora del Jardín del Edén es el espacio donde los límites se cruzan, y donde la virginidad, ambas la del sexo y la de lo desconocido, se pierden y alteran la naturaleza de las cosas para siempre. Las muy buenas actuaciones permiten al espectador realizar el pacto de lectura necesario, para seguir la intriga, aceptando el verosímil del género, es decir, las situaciones absurdamente cotidianas de una familia de clase media alta, y sus relaciones de poder. Sin olvidar al perro Bibi (Rubén Di Bello), el joven actor resuelve sin dificultad a través de la gestualidad corporal la construcción de su personaje; Bibi es el observador que sin contar con el poder de la palabra y solo a través de su instinto intenta defender su Edén, como también de recuperar su hueso a medio roer. El humor, la parodia, el equívoco verbal, la ambigüedad de lo dicho, lo siniestro, el juego de opuestos, (afuera y adentro, alto y bajo, hombre y mujer, inocencia y perversión, vida y muerte) los silencios significativos; todo apunta a concretar ese mundo absurdo pero real para los personajes, que se ve amenazado, por una verdad que no desconocen pero niegan hasta el límite de lo imposible. El espacio escénico naturalista está organizado desde esa tensión, reflejada especialmente entre lo público y lo privado, donde los ambientes –el dormitorio de la joven, el comedor, el jardín- son claustrofóbicos y organizan el sentido; el espacio es el medio, es el lugar, es el paraíso que encierra a estos personajes. El muro que separa lo idílico de lo concreto y oscuro, es también una clara metáfora de nuestra realidad cotidiana, y de toda una generación que construye diques de contención para no ver, no sentir y no hacerse cargo del afuera, del que somos también con nuestro hacer y no hacer, claros responsables. La basura que llega a nuestros paraísos artificiales nos desestabiliza, nos produce miedo y el miedo es el hermano dilecto de la violencia. 


Ficha técnica: El Paraíso de Alfredo Martín. Elenco: Marcelo Bucossi, Rubén Di Bello, Julia Funari, Pedro Jerez, Fernando Lozano, María José Pérez Colman. Vestuario: Ana Revello. Dirección: Alfredo Martín. Asistente de dirección: Paula Ettedgui. Colaboración artística: Marcelo Bucossi. Prensa: Simkin y Franco. Andamio 90.

1 El escritor afirmaba: “No es tal o cual ideología lo que me interesa, sino la relación el hombre con toda ideología, puesto que, en el fondo, es siempre el problema de la forma humana que se plantea ante mí, hoy como en los comienzos de mi labor literaria” Sin embargo, tuvo problemas con el gobierno Comunista de Polonia, por lo cual no regresará a su país y morirá en París en 1969.
2 Afirma Sábato: “Él me dijo en más de una ocasión y sobre todo en Vence cuando pensó que no nos volveríamos a ver más, que la gran obra que podría haber escrito algún día tenía que ser la transposición poética de la experiencia de su vida en la Argentina durante veintitantos años, que, según me relato, fue la experiencia más dura, más áspera, y más poética de su existencia.” (Grombrowicz en el recuerdo de Ernesto Sábato (impresiones recogidas ante un grabador) para la edición de Talía de Ivonne, princesa de Borgoña, 1972.
3 Alfredo Martín como docente dictó un seminario de actores sobre procedimientos de lenguaje en la obra de Harold Pinter, y del mismo autor, dirigió El Montaplatos (1999) y Un leve dolor (2005).

El Nobel del amor, de Mariana Rodrigo (1)

Quién dijo que es el amor

por Azucena Ester Joffe y María de los Ángeles Sanz

4Pocas veces un texto encuentra como la sincronía de una maquinaria de relojería, el actor o la actriz que expresen con la fuerza necesaria las múltiples interpretaciones que encierra. Si esa textualidad es además un monólogo, el desafío es mayor. Pilar Lourenc (2), con su sólo cuerpo por más de una hora, lleva adelante todos los matices de una escritura dura, de una densidad agobiante, que le exige pero también le permite desplegar todos los recursos posibles para darle a las palabras la profundidad que requieren. En la sordidez de un espacio cargado de interrogantes, rodeada de cajas y papeles, el espectador asiste a la presencia extraña y desconcertante de este personaje que pide, exige y a veces pareciera rogar ser reconocida  como un ser sensible capaz de dar y recibir amor. “Un personaje. Un cuerpo atravesado por una o infinitas historias corrientes”, como dice el programa de mano, que nos interpela directamente como voyeur cómplice de esa trama siniestra. Un único personaje que estalla por la complejidad estética del texto, texto que nos es “arrojado” con total profesionalismo. La entonación es parte de la corporalidad puesta en escena, porque tiene que ver tanto con el enunciado como con la enunciación; no existen tiempos muertos, porque el silencio no es ausencia de palabras, sino que es un silencio alienado y alienante. Este monólogo dramático no sólo derriba la cuarta pared,sino que requiere una mayor “comunión” entre el actor y el público. La gestualidad, el efecto de la mirada que mantiene al espectador en un mutismo expectante, produce todos los climas posibles, desde el enigma hasta el temor de descubrir por fin quien es esta funcionaria, y cuál es su tarea. Pilar a partir del adecuado manejo de su voz y de su cuerpo construye el personaje de la ley, el saber está en su poder y con esa mirada –que por momentos nos resulta agresiva- nos induce a seguirla por su mundo sinuoso. Una mujer con más de 16 años de servicios que nos se regala a “ninguna pulseada” y recuerda especialmente a Sol, pero también Ángeles la de rulitos, a Miriam que era un lechón, a Jessica desnutrida…, una mirada patética sobre una realidad que no es ajena a nuestra sociedad. El uso de la pantalla que marca el pasar de las horas, el transcurrir del tiempo, de un tiempo donde el rencor va creciendo ante lo que el personaje considera una injusticia, produce las elipsis que el texto necesita para dar respiro a una intriga que no cesa de golpear al público. El uso de la luz, y el sonido, todo apoya la presencia de la actriz, que no cesa de sorprender con su pregnancia en escena. Fragmentos, instantes de su vida, se unen en ese sótano siniestro donde el personaje se ha construido a sí mismo, donde para sobrevivir se ha inventado una forma, una manera de ser, impermeable, cínica, que le permita permanecer acechada por nuevas formas, nuevas maneras, que finalmente sabe, tomarán su lugar. Y por fin las palabras, las dichas y las silenciadas, las que recuerdan otras voces, otros discursos, tan inquietantes como estos, tan cercanos, tan tristemente cercanos… El Nobel del amor,es un texto que ha conjugado en la dirección de Alejandro Po (3), a través del cuerpo de Pilar Lourenco, una puesta que pone en relieve los valores de la escritura de Mariana Rodrigo, produciendo el efecto requerido por la misma, que logra armonizar recursos, y provoca vértigos.

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Ficha técnica: Autoría: Mariana Rodrigo. Actúa: Pilar Lourenco. Diseño de luces: Santiago Comeron. Diseño sonoro: Santiago Comeron. Diseño gráfico: fatcat.com.ar. Asistencia de dirección: Mariana Rodrigo. Prensa: Pintos&Gamboa. Dirección: Alejandro Pol. Teatro El Bardo

(1) Mariana Rodrigo es una novel dramaturga que además cuenta con una ecléctica formación actoral, que abarca  desde el Match de improvisación junto a Fabio “Mosquito” Sancineto, procedimientos del trabajo de clown, seminarios sobre Barba, y un taller dirigido por Cristina Banegas. Con una carrera en proceso en Artes y otra en Ciencias Sociales, aporta a la dramaturgia actual una textualidad fuerte sin prejuicios ni miedos a las palabras.
(2) Pilar Lourenco es una joven actriz,  de teatro y cine, formada actoralmente con Claudio Quinteros y Martín Salazar, y en el Taller de  Formación actoral del Centro Cultural Rojas. Posee además una impresionante voz, cuidada y trabajada a partir de sus estudios de canto y la participación en coros.
(3) Alejandro Pol es programador de la sala La Bodega del Teatro, además de actor y director de la Compañía Teatral Independiente, La Catalana. Trabajó como actor en la puesta  El Tacañuzo, versión del Avaro de Moliere, dirigido en esa oportunidad por Darío Luchetta, entre otras. Como director, realizó Antífona Furiosa (2004) de Griselda Gambaro y La Amberes (2008) de Luis Cano.

Los errores de Noé. Libro y dirección Yoska Lázaro Grupo de Teatro a tres velas

Un texto fragmentado, una actuación potente
 
por  María de los Ángeles Sanz y Azucena Ester Joffe

No hubo para toda una generación de jóvenes en la Argentina nada más doloroso que ver morir junto a sus seres entrañables, los ideales que los llevaron en cuerpo y alma a la acción política. Un dolor que en algunos produjo desde la impotencia una resistencia suicida, sujetos románticos de la historia más reciente que a contrapelo de la realidad más oscura, llegaron hasta el final de un destino trágico.

2Hay historias que viven en el imaginario social, a pesar de que la mayoría las niega con la Ley del Punto Final, la ley del olvido obligatorio, aludiendo a la necesidad de seguir como la mujer de Lot sin mirar hacia atrás. Sin embargo, las historias siguen tejiéndose en el aire hasta que alguien las convierte en voz y comienza a narrarlas. Yoska Lázaro construye a partir del plan de Osvaldo Bayer (1), un texto fragmentado, lleno de huecos negros, que el espectador va llenando de a poco, sintiendo sobre sí mismo el peso de tanto silencio. Dos personajes, regresan a tratar de construir lo que ha quedado destruido por la violencia, y un tercero sin lograrlo intenta desde la fuerza de su sola presencia volver a una realidad dolorosa a los otros dos. Gabriela Blanco, tiene la difícil tarea que da expresarse casi desde el no discurso, utilizando todos los matices posibles de la gestualidad, manejando con inteligencia y sensibilidad los silencios, mientras Yamil Chapad y Fernando García Valle ponen en juego, no sólo el discurso y la gestualidad sino un trabajo corporal que acompaña la palabra y la resignifica. Los tres se mueven en un espacio de oscuridad, que es muy bien utilizado por la dirección, donde cada lugar agrega una clave para develar la situación de los personajes. La creencia en la fuerza de la palabra de toda una generación de intelectuales, queda esclarecida en la pertinaz insistencia de Eduardo (Fernando) de convencer a Mario (Yamil) de seguir con el ensayo de la obra para niños que construirá un futuro mejor. Ciego a la invalidez de una propuesta suicida, sordo a los ruegos de su hermana Cristina (Gabriela) y a la evidencia de la muerte de un compañero, Luis; el personaje insiste en su propósito  hasta que el destino de muchos, se hace carne en él mismo y en Mario. La intrusión de los dos personajes, miembros de los Grupos de Tarea, encarnados en Ariel Hernán Pérez y Diego Santos; ejercen con su violencia, la irrupción de la realidad no comprendida, y atraviesa el cuerpo del espectador que se siente violentado como los personajes, inerme ante la furia contenida. La ruptura de la cuarta pared, en el momento que el Grupo de Tarea pide a la platea que se pongan en fila y entreguen documentos, a muchos nos llevó como en una espiral de tormenta hacia una historia dolorosa e inconclusa. El público forma un grupo heterogéneo, que seguramente vivenció de manera diversa la tensión dramática y recuperó los vacíos de la intriga desde ópticas diferentes, pero que no pudo ser indiferente a la conmoción de la violencia sobre el pensamiento, de la muerte sobre la vida. La puesta de Los errores de Noé aúna la calidad estética con la necesidad de la memoria activa sobre un pasado no tan lejano, y más aún porque vive en el aire que respiramos cotidianamente a través de sus consecuencias. Una memoria, necesaria, ejemplificadora cuya dimensión como afirma Todorov es pública, y permite convertir al pasado en lección (2) .

Yoska con apenas 30 años tiene una trayectoria artística importante. Actor, productor y director se ha formado con Raúl Serrano y Ricardo Bartís, en Buenos Aires, y en el Laboratorio de Teatro William Layton, de Madrid; quien comenta:

         Para mí, el teatro era diversión. Ahora, pasado un tiempo, no puedo dejar de ver el teatro (más allá de su aspecto lúdico) como mi herramienta de denuncia (no sé si   denuncia). Como mi herramienta para manifestar mi desacuerdo social, como mi lugar de expresión, donde creo y me hago responsable de lo que hago.

3Esta toma de posición, este lugar que ocupa junto con el resto de profesionales trasciende el mundo ficcional. El silencio, la tensión, la alienación, que experimentamos como público en  la sala teatral, nos acompañó y nos perturbó más allá del tiempo real de la obra. Nos quedó a flor de piel el insistente el temor a “las ratas”, siniestra metáfora de los represores. Tanto como espectadores como testigos de esos dolorosos años, intentamos “coser”, como el personaje, esos retazos del pasado, esos agujeros oscuros de nuestra memoria colectiva. La obra logra recuperar nuestra memoria histórica, porque los sistemas significantes confluyen y los límites se contaminan: la sala resulta opresiva y claustrofóbica según requiere esta propuesta estética; la corporalidad puesta en escena –por la tematica y por el espacio real acotado- que nos compromete; la importancia de lo “no visto” en la extraescena. Actor-espectador, ficción-realidad, vida-muerte, son las dos caras de nuestra cotidianidad.

Ficha Técnica: Autoría: Yoska Lázaro. Actúan:  Yamil Chadad, Fernando García Valle, Gabriela Blanco. Colaboración artística: Ariel Hernán Pérez, Diego Santos. Vestuario y Escenografía: Cecilia García La Gárgola. Realización musical: Marcelo Medina y Fernando García Valle. Diseño gráfico: Sabrina Lara. Prensa: Rafa Tano. Dirección: Yoska Lázaro. Espacio El Fino

(1) “Cuando se supo que Videla iba a pasarle el poder a Viola, el gobierno militar anunció que se recibiría a delegaciones extranjeras.  A mí se me ocurrió que ése  era el momento para que los intelectuales exiliados volviésemos al país de manera sorpresiva. Íbamos a alquilar un avión, y la Iglesia Evangélica  Alemana nos iba a ayudar con el financiamiento. Lo único que nos había pedido era que  en ese retorno nos acompañaran otros intelectuales reconocidos. Nuestra idea era que fueran Julio Cortázar, Juan Rulfo, Gabriel García Márquez, Günter Grass y varios otros…” El plan de Osvaldo Bayer.
(2) La memoria colectiva: “se trata de una práctica social que requiere de materiales, de instrumentos y de soportes. Su forma y su sustancia no residen en formaciones mentales y dependen de marcos materiales, de artefactos públicos: ceremonias, libros, filmes, monumentos, lugares” (Hugo Vezzetti, 2002, 32).
(3) Las distintas fuerzas formadas por miembros de las Fuerzas Armadas y de Seguridad constituyeron los llamados Grupos de Tarea, y fueron las estructuras medulares de la represión clandestina

Saverio el cruel, de Roberto Arlt Por El Grupo Punto de Fuga

El delicado equilibrio entre la perversidad y la locura
 
por María de los Ángeles Sanz


Roberto Arlt, construye en la textualidad de Saverio el cruel (1936) la posibilidad de ejercer una crítica social al momento prebélico de la segunda guerra mundial, en la descripción de la locura de Susana, arquetipo de una clase social que oculta su ociosidad en un juego macabro, el famoso titeo, la burla despiadada del otro, para el propio divertimento. Por otro lado, el burlado también deja fluir su imaginación y teje entre la realidad y la ficción, un coronel de fantasía que presenta rasgos inequívocos de las cabezas del fascismo de la época: Hitler y Mussolini. Sin divisiones entre buenos y malos, sino entre sanos y enfermos de tedio o de ansia de poder. Todo eso lo hace a través de la ironía, el humor negro, algunos procedimientos del expresionismo, y una mirada cáustica sobre las criaturas que conforma sobre las que no deja reposar una palabra de piedad. La puesta dirigida por Guillermo Ferraro pasa el punto de vista por los elementos lúdicos que el texto permite y desarrolla su humor permitiendo que los personajes expresen las contradicciones de un juego perverso que termina en tragedia. El personaje de Susana que lleva adelante Soledad Rodríguez, pasa del desborde de la locura del primer acto, a la pérdida de control una vez descubierta la farsa pero con un tipo de actuación contenida, sobre todo en el último cuadro, que logra el clima necesario para ese final que sella su locura. El personaje de Saverio, Eugenio Errategui, despierta la sonrisa y la ternura en el primer acto, la sorpresa ante el delirio que la farsa del poder le provoca en el segundo, y logra la serenidad de la razón hacia el final, cuando por fin se da cuenta del abismo de su fantasía. Una mención aparte para el personaje de Simona, - Paula Ettedgui y una muy buena resolución de los otros personajes testigos y actores responsables para configurar la farsa: Pablo Guises, Rosario Albornoz, Ariel Guazzone, Luciana Procaccini. La escenografía minimalista y funcional a la intriga permite que sean el texto y las actuaciones las que retengan la atención del espectador que ve desarrollarse las acciones con buen ritmo, y sin fatiga. 

Ficha Técnica: Saverio el cruel de Roberto Arlt. Elenco: Soledad Rodríguez, Eugenio Errategui, Pablo Guises, Rosario Albornoz, Ariel Guazzone, Luiciana Procaccini, Paula Ettedgui. Dirección: Guillermo Ferraro. Andamio 90.
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